lunes, 10 de abril de 2017

Leo Duer, autor, director, actor y tanguero de alma

Leo Duer nació en Buenos Aires y aunque es abogado y mediador,  hace muchos años que está en el mundo del teatro. Se formó con grandes artistas, como Ricardo Passano, Manuel Iedvabni y Miguel Cardella, entre otros. Como actor, en su larga trayectoria intervino en "Chúmbale", "Esperando la carroza", "El acompañamiento" y "Creando un país para Alicia"; mientras que como autor, se destacan sus obras: "La última novia de Gardel" y "Té para Dios", entre otras. En su calidad de director, intervino en la dirección de "Shéindele", "Tártufo", "Terapia de parejas" y "De todo un poco", entre tantas otras. Es también poeta y autor de numerosas canciones.

En tu historial, aparecen muchos grandes maestros… ¿Quiénes fueron los que más influyeron?
Ricardo Passano, maestro y formador de actores, estupenda persona. Alfredo Alcón, Juan Carlos Gené, Pepe Soriano, excelentes actores que han dejado el alma en cada creación , y nos dejaron vivencias inolvidables. Y Manuel Iedvabni, un genio del teatro, un padre, un amigo para mí.

Sos abogado y mediador pero vivís del teatro…
Parcialmente. Doy clases de teatro. Escribo obras y produzco espectáculos. Pero como dijiste soy también abogado y  vivo todas las actividades con mucha pasión y felicidad.


Qué recordás de tu primera obra “Terapia de pareja”…
Una comedia de enredos que hice en el año 2004 y me ha dado muchas satisfacciones. Luego de semejante emoción y de saber que podía ser el teatro mi vida, llegaron “Casa llena, pareja vacia”, “Emet 76” y muchas otras.

Sos también autor y director. ¿Qué te ofrece cada rol y en cuál te sentís más cómodo?
Como autor me siento el padre de todas las criaturas de las historias.  Los hago sufrir, luchar, esperanzarse, enamorarse; en fin, forjan una trama que también me atrapa a mí. Como actor siento que me transformo en el personaje y que vivo su vida. Es una mutación hermosa y muy conmovedora. Y se siente también toda la energía que el público pasa.  Una experiencia única. Como director,  siento que, con respeto y mucho empeño, debo sacar lo mejor de los actores, darles confianza, dejar que desplieguen su talento, y, muchas veces, ponerles límites  para bien de la obra. Intento siempre generar un clima de respeto, trabajo y amor por la historia que estamos construyendo entre todos. No podría elegir alguno de los roles en detrimento de los otros, las tres funciones son parte de mi gran amor por el teatro.

¿Cómo llegaste a escribir “El casamiento de Gardel”?
Gardel es parte de mi historia personal, ya que cuando era chico con mi mamá siempre veíamos las viejas películas del Zorzal que retransmitían en la televisión. Y llorábamos juntos por la emoción que nos provocaban. Sentía que en una época como la nuestra de tantas decepciones, sería bueno recuperar un ídolo de la talla de Gardel, como símbolo del amor, de la esperanza y hasta de la autoestima perdida de los porteños y de todos los argentinos. Y así surgió esta hermosa historia que nos habla de nosotros, de nuestros miedos, defectos y sueños, en la que Gardel está presente a lo largo de toda la obra, con una fuerza viva que sorprende.

¿Cómo es el casamiento de Gardel?
La obra cuenta la historia de una chica de familia millonaria, que se escapa de su casa para impedir que la “casen” con un primo que no ama, ya que ella sentía un amor platónico por Carlos Gardel, que en ese entonces (1935) estaba en la cúspide de su fama. Encuentra refugio en “La Milonga”, un cafetín de suburbio, regenteado por Pucheta, una especie de Tita Merello, que había escapado de  una mafia que quiso prostituirla. En el lugar, irrumpe Almagro, el típico porteño vivillo y manipulador, que le cobra mucha plata a la chica para presentarle a “Carlos Gardel”. Para consumar su engaño, Almagro utiliza al “Oriental”, un buen hombre que escapaba de la policía por un crimen que no cometió, transformándolo en un Gardel sustituto. La situación se complica con la muerte del verdadero Gardel. Todo en clave de comedia dramática, con momentos muy emotivos, otros sumamente desopilantes, y con canciones y danzas en vivo. 

Tiene un elenco muy homogéneo.
El elenco es extraordinario: Eduardo Wigutow, un excelente comediante de gran trayectoria en teatro y cine, es un Almagro que conquista de inmediato al público. Inés Grimland,  actriz y narradora internacional, hace una entrañable Pucheta, que todos amarán. Paola Dipert, actriz, cantante y profesora de teatro, es Delfina, la “niña bien” que nos conmueve con su ingenuidad y  su gran amor. Alberto Levy, profesor de música y excelente autor y ejecutante de piano, es “Caruso”, y nos brinda su arte en el piano con los mejores tangos en vivo. Y Adrián De Gregorio y Romina Cides,  son respectivamente, El Choclo y La Pebeta, una pareja joven que sueña con ganar el premio de Radio Stentor, y despliegan su danza con los mejores firuletes en vivo. Lo maravilloso  es que, en la vida real, son los ganadores del premio a la danza Carlos Gardel 2017.  Se ha conformado un elenco que es un equipo con un gran talento y enorme energía y amor por la historia.

¿Cómo sigue tu 2017?
Inicié el año con la función de “Los diez mandamientos”, de mi autoría, el 18 de marzo. El 19 de marzo estrenamos “El casamiento de Gardel”, con gran repercusión de público y crítica. Estamos ensayando para su próximo estreno “Nunca pierdas la esperanza”, que es una historia con un mensaje muy claro, sobre una empresa que están vaciando a costa de no pagar los sueldos a los empleados,  en medio de una trama policial de venganza contra los dueños de la fábrica. También está en preparación la película “Emet 76”.  Sigo dando clases con mis tres cursos de teatro. Y tengo una oferta tentadora para actuar con dos actrices de primer nivel, pero todavía no puedo dar más datos. En fin, un año muy feliz y con mucho trabajo. Es que el arte nos salva la vida, nos da salud, sueños y esperanzas.

Por Ignacio Ballesteros – Artistas del Off - @ArtistasDelOff





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